Estilo Educativo

Como colegio católico de tradición marista, nuestro estilo educativo se caracteriza por los siguientes rasgos:

SENCILLEZ

La sencillez marista se manifiesta en un trato afable, en unas relaciones auténticas y fraternas, en una actitud animada de buena voluntad, reforzada por una benevolencia espontánea, en una simpatía natural y en el respeto hacia el otro

ESPÍRITU DE FAMÍLIA

Intentamos hacer del Instituto Marista La Inmaculada una verdadera familia por el respeto, amor y confianza que deben reinar entre todos los miembros de la comunidad educativa.

AMOR AL TRABAJO

Desarrollamos en nuestros alumnos el gusto por el trabajo bien hecho, la satisfacción del deber cumplido, el espíritu de superación personal y el buen uso del talento y de la iniciativa.

PRESENCIA

Educamos, sobre todo, haciéndonos presentes entre los alumnos. Establecemos con ellos una relación basada en el afecto, que propicia un clima favorable al aprendizaje, a la educación en valores y a la maduración personal.

A LA MANERA DE MARÍA

María, como educadora de Jesús de Nazaret, inspira nuestro estilo educativo. Orientamos el corazón de nuestros alumnos a María y la hacemos conocer y amar, como camino que lleva a Jesús.

La SENCILLEZ configura nuestro estilo educativo:

 

  • Acogiendo a todas las personas de la comunidad educativa de la misma manera, a través de una relación auténtica y honesta. Escuchando y aceptando las ideas y opiniones de todos.

 

  • Acogiendo a todos los alumnos sin distinciones ni categorías. Aceptándolos tal cual son. Escuchándoles pacientemente. Favoreciendo el diálogo sincero. No utilizando ironías o sarcasmos hirientes. Confiando en ellos, de forma que se sientan valorados más allá de sus fracasos o éxitos.

 

  • Velando para que las relaciones entre los alumnos sean tolerantes, sencillas y sin exclusiones. Promoviendo el buen humor y la ecuanimidad. Fomentando la actitud de agradecimiento hacia los demás y hacia Dios. Gozando de las maravillas y la belleza de la naturaleza.

 

  • Poniéndonos al nivel de los menos dotados. Repitiendo las explicaciones para que sean entendidas por los últimos, si afán de lucimiento. Viviendo con cariño las cosas normales, las de todos los días, dentro de una rutina pacificada y motivadora.

 

  • Orientando a los jóvenes para que adopten la sencillez como un valor para sus propias vidas. Ayudándoles a comprender que las cosas hechas con sencillez dejan huella: No es lo que se da, sino cómo se da. No es el contenido, sino la actitud. No es lo espectacular, sino lo auténtico. No es lo afectado, sino lo sincero. No es lo exagerado, sino lo sencillo.

 

 

 

El ESPÍRITU DE FAMILIA en nuestra acción educativa:  

 

  • Promoviendo que todos se sientan en casa cuando vienen a nosotros. Creando el sentido de Familia marista, basado en el diálogo, la comprensión, la tolerancia y el respeto a los derechos de todos y cada uno. Donde todos se sientan valorados y apreciados, sea cual sea su posición académica, laboral o social, de forma que nuestro alumnado se considere orgulloso de pertenecer a nuestro Instituto.

 

  • Prestando más atención a aquellos cuyas necesidades son mayores. Estando atentos con los que atraviesan situaciones difíciles. No confundiendo las personas con sus actos, cuando cometen errores. Creando un ambiente de confianza donde no haya miedo a pedir, a preguntar, a expresarse. Prestando una atención especial a los que se incorporan por primera vez a nuestro centro.

 

  • Conociendo personalmente a nuestros alumnos y a nuestros compañeros de trabajo. Conociendo a las familias de los miembros de la comunidad educativa. Estableciendo principios claros de honradez, respeto mutuo y tolerancia. Como en una buena familia, compartiendo la vida con sus éxitos y sus fracasos.

 

  • Anteponiendo, en el ámbito escolar, el espíritu de familia a la idea de una educación orientada a los resultados que no respeta la dignidad y las necesidades de cada alumno y alumna. Fortaleciendo la autoestima y la autonomía de todos los alumnos, así como el crecimiento de cada uno como persona y el despertar de su propia vocación. Fomentando el trabajo en grupo y creando un espíritu de responsabilidad compartida.

 

 

El AMOR AL TRABAJO en nuestra acción educativa:

 

 

  • Promoviendo la consciencia de la dignidad del trabajo como participación gozosa y esperanzada en la obra del Creador. Motivando la iniciativa y decisión de cada alumno para encontrar respuestas creativas a sus necesidades. Incentivando los trabajos en grupo. Formando en la solidaridad y el voluntariado social.

 

  • Educando en hacer bien las cosas, con buen gusto, bien presentadas. Creando sentido de constancia y perseverancia en el trabajo de cada día. Desarrollando en los alumnos hábitos de planificación, esfuerzo y estudio, además de orden en las cosas.

 

  • Ofreciendo nuestro testimonio de que el trabajo es un poderoso medio de realización personal que da significado a la vida y que contribuye al bienestar económico, social y cultural de nuestra sociedad. Facilitando y reconociendo el esfuerzo y el trabajo bien hecho.

 

  • Tratando de que nuestros alumnos, a través de una pedagogía del esfuerzo, adquieran un carácter y una voluntad firmes, una conciencia moral equilibrada y valores sólidos en los que fundamenten su vida. Desarrollando la generosidad de corazón. Motivando a los jóvenes en actitudes ecológicas de respeto, disfrute y cuidado de la naturaleza y sus recursos.

 

 

La PRESENCIA en nuestra acción educativa:

 

  • Estando presentes entre los alumnos y alumnas, preocupándonos por ellos personalmente. Con una presencia equilibrada, bondadosa y respetuosa, a la par que firme y exigente, y como tal aceptada por los alumnos. Sin visos de vigilancia obsesiva, ni un «dejar hacer» negligente.

 

  • Brindando nuestro tiempo más allá de la dedicación profesional en el aula o el recinto colegial, prolongando nuestra presencia a través de actividades de tiempo libre, ocio, deporte, cultura y solidaridad. Creando oportunidades para involucrarnos en sus vidas y aceptarlos en las nuestras.

 

  • Ofreciendo una presencia que sea preventiva, que ayude a los alumnos a través del consejo y de la atención prudente. Presencia atenta y acogedora. Presencia abierta a todos sin distinción. Presencia que haga que todos los alumnos se sientan siempre acompañados. Presencia que ayude a los jóvenes a interpretar equilibradamente los acontecimientos de sus vidas.

 

 

“A LA MANERA DE MARIA” en nuestra acción educativa:

 

  • Enseñando a los alumnos a honrar y amar a María. Invitando a imitarla en su ternura, su fortaleza y constancia en la fe, y a acudir a ella frecuentemente en la oración.

 

  • Orientando el corazón de los jóvenes hacia María, la Buena Madre, como camino para llegar a Jesús. Recordando el lema marista: Todo a Jesús por María. Todo a María para Jesús. Enseñando a agradecer lo que recibimos de Dios cada día, como lo hizo María. Imitando a María en su actitud de escucha a los demás y de compasión por los más necesitados.

 

  • Destacando las celebraciones y acontecimientos marianos del año escolar (mes de mayo, peregrinaciones…). Invocándola en las oraciones de la clase y de los grupos de vida cristiana. Impregnando de valores marianos las distintas actividades. Haciendo presente en los espacios escolares motivos y frases que nos recuerden a María.